Arte, Calidad de Vida y Fe. Análisis de  la pintura “La persistencia de la memoria” de Salvador Dalí. (1894-1982)

Diác. Thomas Chacón

En la Parroquia San José de Chacao hemos emprendido reflexionar nuestra fe por medio del arte. En nuestro primer encuentro realizamos un foro chat sobre la pintura “La Persistencia de la Memoria” de Salvador Dalí (1894-1982), haciendo un diálogo entre la fe y la razón provocado por dos jóvenes de nuestro Colegio Parroquial, Juan del Mar y Andrés Loriente, la artista Celeste Fernandes, la psicólogo Argelia Chacón y mi persona.

En esa oportunidad, luego de presentar quien fue Dalí, se mencionaron las partes de la pintura: 1. Relojes derretidos, 2. Reloj no derretido, 3. Hormigas, 4. Una mosca, 5.Rostro (figura extraña, persona), 6. Espejo, 7. Árbol seco, 8. Playa, 9. Mar, 10. Montañas, 11. Un huevo.

A continuación presentamos algunas de las conclusiones después de contemplar y meditar la obra: la pintura muestra una figura central, que nos lleva a pensar que representa a una persona. Aunque la cara de esa “persona” se percibe cansada y/o desesperanzada, o aplastada por el tiempo; nosotros como cristianos creemos que esa persona puede no ser una autómata gobernada por el tiempo derretido en los relojes, por  los reflejos, o como el juguete de las reacciones y de los instintos, de la herencia o del ambiente. De allí el gran desafío cristiano de hacer ver a las personas que Dios nos ha llamado a la libertad (Gal 5,14), y eso nos da capacidad para elegir; en donde más allá del hombre que sufre, del hombre enfermo, débil y necesitado de ayuda; está su búsqueda afanosa, su esfuerzo por conocerse, por responder a las preguntas puestas por la vida, que llevan a conocer a Dios.

Por ello, un primer paso cristiano consiste en despertar a la “figura extraña” de la pintura, a pesar de que los relojes indiquen lo implacable del tiempo, o que el tronco seco señale que no hay frutos porque se está fuera de la tierra que permite dar vida, o que las hormigas indiquen que el único reloj no derretido está sobre algo podrido, dado que eso era lo que para Dalí representaban las hormigas.

¿Qué pasa cuando no descubrimos que somos “llamados a la libertad”? (Gal 5,14). De la figura de la pintura pudiéramos encontrar que una primera respuesta es que la gente se “detiene” en la dificultad del presente, creyendo falsamente que “los días pasan y llegan a su fin sin esperanza” (Jb 7,6); en vez aceptar el desafío de un futuro incierto dado por la virtud de la esperanza cristiana. Esos relojes dan la impresión de la “detención” de esa figura; cosa que pudo ser ocasionada por la actitud de fatalista ante la vid por considerar que “el hombre es meramente un producto de los condicionamientos ambientales” y no ver la sabiduría que consiste en confiar que Dios lleva a “tener un futuro y una esperanza que no es cortada” (Prov 24,14).

Esto conduce a pensar que los relojes derretidos también pueden interpretarse como el abandono de la virtud de la esperanza reflejada en no planificar el futuro, no organizar las vidas en torno a un propósito definido o en no luchar por encontrar oportunidades incluso donde solo hay problemas.

Sin embargo, el paisaje al fondo de la pintura es una esperanza que puede mostrar a la “figura” la belleza de la vida, a la que élla está de espalda. Haría falta hacer que esa figura, de espalda a ese paisaje, voltee la mirada, para que obtenga el ánimo que le permita levantarse y quitarse ese reloj del que parece prisionero. Ya que el “estado de ánimo más íntimo del prisionero” no “son tanto las causas psicológicas” sino “el resultado de su libre decisión” y solo “la verdad que es Cristo nos hace libres” (Jn 8,31) para elegir nuestro estado de ánimo, al “ofrecer continuamente a Dios sacrificios de alabanzas” (Hb 13,15), porque nuestra “fuerza y poder es el Señor” (Ex 15,2).

De allí que es decisión de la figura voltear hacia ese hermoso porvenir representado en colores claros y la tranquilidad de la playa y del mar. Es allí donde como cristianos pudiéramos indicar a la gente la belleza a la que está dando la espalda; “anunciado la Buena Noticia a toda la creación” (Mc 16, 15b).

Esta libertad de elegir, con la gracia de Dios (1Cor 15,10), siempre tiene una responsabilidad, que se escucha en la voz de Dios que nos dice: “levántate, pues es tu responsabilidad, nosotros te apoyamos. ¡Cobra ánimo y pon manos a la obra!” (Esdras 10,4); porque “Dios en la persona de Jesús está con nosotros hasta el fin del mundo” (Mt 28,20b).

Por lo tanto, libertad y responsabilidad juntas hacen del hombre un ser espiritual y el esfuerzo arraigado por un sentido último y elevado de su existencia, por descubrir que ha sido creado con libre albedrío y con necesidad de Dios; dado que “Dios da a todos vida y aliento y todas las cosas” (Hch 17,25b)

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