III DOMINGO DE PASCUA

Toma la Palabra

Con el Domingo de Resurrección, hemos dado inicio a la Cincuentena Pascual, los cincuenta días que transcurren a lo largo de todo el Tiempo de Pascua y que culmina con la celebración solemne de Pentecostés. A lo largo de todo éste período, la Liturgia de la Palabra nos permite no sólo contemplar, sino también profundizar, en diversos aspectos del acontecimiento fundamental de la resurrección del Señor (dato central del cristianismo). Con ello, vamos fortaleciendo por una parte nuestra fe en Cristo Resucitado, y por otra parte, vamos disponiendo nuestros corazones para recibir el Don de Dios, el Espíritu Santo.

Hoy se nos invita a tener la experiencia de los dos discípulos de Emaús (Lc 24,13-35). ¿Qué significa esto? Tener la capacidad de poder reconocer al Resucitado en el camino del día a día de nuestra vida.

Al igual que le sucedió a María Magdalena el mismo día de la Pascua, estos dos discípulos logran reconocer a Jesús. La Magdalena de madrugada, no le reconoce por la emoción y la conmoción; los discípulos, por la tarde, por creer que todo había terminado. Indistintamente de las motivaciones interiores que impiden ver y experimentar lo que está delante, Jesús siempre insiste…

Cabe destacar que el Evangelista Lucas escribe para comunidades en las cuales se predica a un Jesús que está vivo, pero que ellos nunca han visto. La narración de este encuentro con el Resucitado y, que culmina con su reconocimiento y regreso a la comunidad, tiene lugar en primer lugar en un «camino», en medio de un diálogo ameno y sincero en el que  se expone lo acontecido, y en donde se dan preguntas y respuestas. Luego, al hacerse tarde, y en el ámbito de una cena, al pronunciar Jesús la bendición y partir el pan -correspondiente no al huésped sino al anfitrión-, se les abren los ojos de la fe que les permite reconocerlo en el camino de la vida. Es en este momento en el cual adquieren una renovado sentido las palabras de Señor, con las cuales habían sido advertidos por Él de no dejar Jerusalén.

Al igual que los discípulos, nosotros en el camino de nuestras vidas, en medio de las pruebas y dificultades somos también hoy invitados a reconocer a Resucitado que camina junto a sus discípulos. ¿Cómo podremos reconocerle? Haciendo la misma experiencia. Dejando que Él nos hable hasta que nuestros corazones ardan por el fuego de su amor. Esto significa, entrar en oración, tomar la Palabra y dialogar con Él. Es un paso muy importante…

Hay quien piensa que es suficiente acercarse para recibir la santa Comunión sin escuchar y atender en la Palabra que previamente se ha proclamado. Y si bien ciertamente reciben la santa Comunión, nos preguntamos, ¿realmente reconocen a quién están recibiendo?

En este tiempo en el cual la gran mayoría se ve privada de recibir al Señor en la santa Comunión, es un buen momento para tomar la Palabra y entrar en diálogo con Él. ¿Cómo? Poniéndote en su presencia y tomando la Palabra. El resto lo hace el Señor…

Feliz Domingo!

Pbro. Reinaldo Gámez

1 comentario en “III DOMINGO DE PASCUA”

  1. «Habla Señor que tu siervo escucha» Quédate conmigo Señor, que pueda experimentar Tu presencia en mi corazón, que arda mi vida con la majestad y la sencillez de Tu presencia.

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