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Parroquia "San José de Chacao"
Página Web Oficial del Complejo Parroquial "San José de Chacao" – Arquidiócesis de Caracas
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En el Evangelio de Mateo, Jesús no nos dice «intenten ser» o «algún día serán». Él usa el presente del indicativo: «Ustedes son». No es una sugerencia, es una declaración de identidad. Antes de pedirnos que hagamos cosas, Jesús nos recuerda quiénes somos gracias a Él.
En tiempos de Jesús, la sal no era solo un condimento; era un elemento vital con dos funciones principales que hoy debemos recuperar. Por un lado, está el preservar de la corrupción: en un mundo donde a veces parece que los valores se desmoronan y el cinismo gana terreno, el cristiano está llamado a ser ese elemento que evita que la sociedad se corrompa. Por otro lado, está el dar sabor, pues una vida sin fe puede volverse insípida. Nuestra misión es darle el «gusto» del Evangelio a la rutina, al trabajo y a la familia. Sin embargo, existe una advertencia clara: si la sal pierde su sabor, no sirve para nada. Un cristiano que se mimetiza tanto con el mundo que ya no se distingue de él, deja de cumplir su propósito.
Del mismo modo, la luz tiene una propiedad física fundamental: no existe para verse a sí misma, sino para que las demás cosas puedan ser vistas. Por eso, la luz no se puede ocultar. Una ciudad en lo alto de un monte es visible para todos; nuestra fe no es un asunto privado de «puertas adentro», sino una realidad pública. Jesús critica la idea de encender una lámpara para esconderla bajo un cajón, pues la luz es para ponerse en el candelero e iluminar a todos.
El versículo final es la clave de todo: «Para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en el Cielo». Aquí es donde radica la diferencia entre la vanidad y la misión. La vanidad busca que hagamos cosas buenas para que nos miren a nosotros, mientras que la misión consiste en hacer cosas buenas para que, al mirarnos, la gente descubra a Dios.
Ser sal y luz no requiere actos heroicos extraordinarios todos los días. Se es sal cuando se responde con bondad ante un insulto y se es luz cuando se lleva esperanza a un amigo que sufre. Nuestra humildad no debe ser una excusa para escondernos, sino una transparencia para que la luz de Cristo pase a través de nosotros.
Dios es bueno