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Parroquia "San José de Chacao"
Página Web Oficial del Complejo Parroquial "San José de Chacao" – Arquidiócesis de Caracas
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Hoy nos une el dolor más profundo, un eco de la tierra que sacudió nuestras vidas y nos arrebató tanto. Mirar a nuestro alrededor y sentir la ausencia de personas tan queridas, de amigos y de familiares que eran nuestro pilar, nos deja un vacío inmenso. El silencio de los que ya no están y la angustia por los que aún esperamos encontrar pesan en el alma. Pero en medio de este quebranto, recordamos que nuestras vidas están en las manos de Dios. Es Él quien en este momento nos abraza, nos consuela en la intimidad del dolor y nos conforta cuando las fuerzas humanas simplemente no alcanzan. Su presencia es nuestro refugio seguro.
Esa ausencia no puede ser en vano. Cada hermano, amigo y familiar que hoy ha perdido la vida nos debe dar la fuerza necesaria para sacar adelante este país. Ellos eran parte de nuestros sueños y de nuestro día a día, y hoy nos toca a nosotros ser su voz y su fuerza. Nos levantamos por ellos, porque sabemos con absoluta certeza que, si la historia hubiera sido al revés, ellos habrían hecho exactamente lo mismo por nosotros, luchando sin descanso para vernos de pie.
Más allá de la pena y la profunda tristeza, Dios no nos ha dejado solos: Él se hace presente en cada persona que nos tiende la mano, en cada gesto de apoyo y en la ayuda que llega. Es allí donde se manifiesta la grandeza y la nobleza del pueblo venezolano. Somos una gente que, ante las mayores dificultades, lucha con un corazón inquebrantable. En medio de la adversidad, el venezolano no se rinde; se crece, se solidariza y saca una fuerza de lo más profundo de su ser para salir adelante.
Quizás hoy muchos de nosotros no tengamos el vigor físico para ir a ayudar a levantar piedras, para retirar escombros o para tumbar paredes y liberar a quienes están atrapados; el cuerpo y el ánimo pueden estar agotados. Pero lo que sí tenemos es la fuerza inmensa para levantar nuestro Rosario. Que en cada Ave María podamos pedir con fervor por aquellas personas, héroes anónimos, que están allí en el sitio de la tragedia, luchando y dándolo todo por rescatar a quienes aún se encuentran atrapados. Que cada Ave María sea también un bálsamo de consuelo para los familiares que han perdido a sus hijos, sobrinos, parientes y amigos. Y que cada Ave María sea, al mismo tiempo, nuestro propio consuelo, nuestra unión en la fe y la semilla de esperanza que nos mantendrá de pie, confiados en el amor de Dios.
La reconstrucción de nuestras vidas y de nuestros hogares, de nuestras escuelas, templos parroquiales, no será un camino rápido, pero la esperanza sigue viva. Honraremos la memoria de quienes partieron y mantendremos la fe intacta. Nos levantaremos cada día, paso a paso, sostenidos por la mano de Dios, inspirados por el recuerdo de nuestros seres queridos y apoyados en el hombro del hermano. Confiados en Su amor y en la valentía de nuestra gente, este pueblo noble volverá a ponerse de pie.
Dios es bueno.