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Parroquia "San José de Chacao"
Página Web Oficial del Complejo Parroquial "San José de Chacao" – Arquidiócesis de Caracas
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Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Hoy, el Evangelio nos invita a la casa de Betania, al hogar de dos hermanas, Marta y María, que acogen a Jesús. Es una escena cotidiana, entrañable, que sin embargo, encierra una profunda enseñanza sobre nuestras prioridades y sobre lo que realmente importa en nuestra relación con Dios.
Marta, con su espíritu diligente y hospitalario, se entrega por completo a las tareas del servicio. Se afana, se preocupa, se desvive por atender a su invitado especial. ¿Quién no se siente identificado con Marta en algún momento? Con frecuencia, nuestras vidas están llenas de responsabilidades, de quehaceres, de preocupaciones legítimas. Nos esforzamos por cumplir con nuestras obligaciones, por servir a nuestras familias, a nuestra comunidad, a la Iglesia. Y es bueno y necesario servir; la caridad se manifiesta en el trabajo concreto y en el cuidado de los demás.
Sin embargo, en medio de su fervor, Marta se siente abrumada. El peso de las tareas la lleva a una queja, quizás comprensible: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con todo el trabajo? Dile que me ayude». Su preocupación por el «mucho quehacer» le impide ver más allá de la lista de tareas.
Y entonces, entra en escena María. Ella ha elegido sentarse a los pies de Jesús, escuchando su palabra. En medio del ajetreo, de la preparación de la comida y de la atención a los invitados, María elige un momento de quietud, de contemplación, de escucha atenta. Ella intuye que la verdadera bienvenida a Jesús no es solo con las manos que sirven, sino también con el corazón que escucha.
La respuesta de Jesús a Marta es clave: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y sin embargo, pocas cosas o una sola son necesarias. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»
¿Significa esto que Jesús desprecia el servicio de Marta? ¡Pues no! Jesús nunca denigra el servicio ni el trabajo bien hecho. Lo que Él nos enseña es que el servicio, por valioso que sea, no debe convertirse en un fin en sí mismo que nos distraiga de lo esencial.
La «parte mejor» que María ha elegido es la escucha de la Palabra de Dios, la relación personal con Él, la primacía de lo espiritual. Es el reconocimiento de que antes de hacer para Dios, necesitamos estar con Dios. Antes de servir, necesitamos nutrirnos de Él. Porque es de esa fuente de gracia y de sabiduría de donde brota el verdadero sentido de nuestro servicio, un servicio que no es agitación estéril, sino amor desinteresado.
En nuestro mundo actual, tan lleno de ruido, de prisas, de exigencias, es fácil caer en la «agitación por muchas cosas». Corremos de un lado a otro, acumulando tareas, sintiéndonos a menudo exhaustos y, quizás, como Marta, un poco resentidos porque nadie parece valorar nuestro esfuerzo o compartir nuestra carga. Pero Jesús nos invita hoy a detenernos. Nos invita a hacernos la pregunta: ¿Estoy permitiendo que el mucho quehacer me robe la «parte mejor»?
Este Evangelio no es una invitación a la pereza o a la inacción. Al contrario, es un llamado a un equilibrio sagrado: a servir con amor y diligencia (como Marta), pero siempre alimentando nuestro espíritu con la Palabra y la presencia de Dios (como María). La acción sin contemplación puede volverse vacía; la contemplación sin acción puede volverse estéril. Necesitamos ambas.
Que el ejemplo de María nos inspire a buscar momentos de silencio, de oración, de escucha profunda de la voz de Dios en nuestras vidas diarias. Que el ejemplo de Marta nos recuerde la importancia del servicio. Y que la sabiduría de Jesús nos ayude a encontrar esa «única cosa necesaria» que da sentido a todo lo demás, para que nuestro servicio sea fruto de un corazón que primero ha amado y ha sido amado por Él.
Dios es bueno.