Cuaresma: «un abrazo a la esperanza»

Queridos hermanos y hermanas, hoy nos detenemos ante un rito que es tan sencillo como estremecedor. Recibir la ceniza no es un trámite, ni una costumbre folclórica. Es, en esencia, un baño de realidad y un abrazo de esperanza.

Polvo: Nuestra Verdad más Humilde

Cuando escuchamos la frase «Recuerda que eres polvo y al polvo volverás», el mundo moderno suele estremecerse. Vivimos en una cultura que intenta esconder la fragilidad, que maquilla el paso del tiempo y silencia la muerte.

Sin embargo, reconocer que somos «polvo» no es un insulto a nuestra dignidad. Al contrario: es reconocer que somos barro en manos del Alfarero. Al admitir nuestra fragilidad, dejamos de fingir que somos autosuficientes. La Cuaresma comienza con los pies en la tierra para que el corazón pueda mirar al cielo. Solo quien reconoce que está roto puede ser sanado.

 El Corazón, no las Vestiduras

El profeta Joel nos lanza hoy un grito directo: «Rasguen su corazón y no sus vestiduras». A veces, nuestra vida espiritual se vuelve externa: cumplimos ritos, asistimos a eventos, pero por dentro seguimos siendo los mismos. La Cuaresma no es una «temporada de dieta espiritual» para sentirnos mejores con nosotros mismos. Es un tiempo de metanoia, un cambio de dirección de 180 grados.

El ayuno no es para pasar hambre, es para vaciarnos de lo que nos sobra (egoísmo, ruido, consumo) y dejar espacio para Dios. La limosna no es dar lo que sobra, es reconocer al otro como hermano y romper las cadenas del individualismo. La oración no es repetir palabras, es volver a entablar una conversación con Aquel que nos ama profundamente.

«En lo Secreto»: Donde Dios nos Espera

El Evangelio de hoy es muy insistente: «Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará». Vivimos en la era de la vitrina, donde si algo no se publica en redes sociales, parece que no existe. Jesús nos invita a lo opuesto: a la interioridad. La Cuaresma es un viaje hacia adentro. Es el momento de cerrar la puerta del ruido externo y preguntarnos: ¿Dónde estoy? ¿Hacia dónde va mi vida? ¿Qué es lo que realmente me da paz?

Un Camino de Cuarenta Días

Hoy no nos imponen ceniza para recordarnos que vamos a morir, sino para recordarnos cómo queremos vivir. Estos cuarenta días son un entrenamiento para la Pascua. No caminamos hacia un muro, caminamos hacia una tumba vacía.

No tengan miedo de su propia debilidad. Dios no busca personas perfectas, busca corazones contritos. Que esta ceniza que hoy marcamos en nuestra frente sea el sello de un compromiso: el de volver a casa, el de volver al Amor.

Dios es bueno.

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