DOMINGO DE RESURECCIÓN

El plan de Dios

El Evangelio de hoy nos invita a encontrarnos con el Resucitado, no en un recuerdo lejano, sino en una presencia viva que transforma nuestra vida.

Todo comienza con el anuncio de las mujeres, primeras mensajeras, que rompen con los esquemas sociales de su tiempo. El Evangelio nos muestra cómo el encuentro con el Resucitado transforma completamente su realidad. Pasan del miedo y la tristeza a una fe viva y a la misión de compartirlo. Su testimonio es el primer eco de una noticia que cambiará la historia. Ese encuentro es personal y transformador, no solo para ellas, sino para todos los que, a través de los siglos, creemos en su Resurrección.

Luego, vemos a Pedro y al otro discípulo corriendo, y en un gesto de profundo respeto, el discípulo amado es quien llega primero y espera que llegue Pedro, haciendo notar la autoridad que éste tenía en la comunidad. Al ingresar, descubren los detalles del sepulcro: El sudario doblado y las vendas en el suelo nos hablan de un evento ordenado, no de un robo apresurado, sugiriendo una intervención divina, no son casualidad, sino la manifestación del plan de Dios, y entonces «creen».

Hoy, la Resurrección nos desafía a preguntar: ¿Está nuestro sepulcro vacío, o aún tenemos guardados los miedos y las tristezas? Pedro y el otro discípulo entran en nuestro sepulcro interior, observan nuestras vidas: ¿Están ordenadas con la paz que trae el Resucitado, o reina el desorden de la desesperanza?

La invitación es a creer, no con una fe que solo busca pruebas, sino con la certeza del corazón que siente que Cristo está vivo y presente en nuestra vida cotidiana. Que esta Pascua renueve nuestra fe y nos permita anunciar con nuestra propia vida que Él ha resucitado.

Jesucristo ha Resucitado! Verdaderamente ha Resucitado!

Dios es bueno.

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