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Parroquia "San José de Chacao"
Página Web Oficial del Complejo Parroquial "San José de Chacao" – Arquidiócesis de Caracas
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«Venid y subamos al monte de Yahvé… y él nos enseñará sus caminos» (Is 2, 3).
1.— La palabra de Isaías continúa resonando en el Adviento: «Fortaleced las manos desfallecidas, y afianzad tos rodillas vacilantes… Y habrá allí una calzada y camino, que se llamará la vía santa…, por ella marcharán los redimidos y volverán los rescatados de Yahvé» (Is 35, 3. 8-10). Así como el pueblo de Israel no debía perderse de ánimo por las derrotas y el destierro sufridos, sino que debía confiar en Dios que lo habría salvado y conducido de nuevo a Jerusalén recobrada ya y puesta en paz; del mismo modo los cristianos deben prepararse con corazón confiado a la nueva venida de Jesús su Salvador. También para ellos se abre «un camino… la vía santa», que tras las huellas de Cristo y bajo su guía, los llevará no a la Jerusalén terrena, sino a una meta más sublime, la santidad.
San Juan de la Cruz nos ha dejado un diseño que compendia y expresa sintéticamente toda la vida espiritual. Es el esbozo de un monte cuya cima, que representa el estado de perfección, es figurada por un círculo, y cuya subida se describe a lo largo de tres sendas que se dirigen hacia el centro del círculo, de las cuales sólo una —la más estrecha— llega hasta él; es la senda de la «nada», que conduce derecha hasta el centre del círculo, donde está escrito: «Sólo mora en este monte la gloria y honra de Dios». Es el camino de la nada, porque para seguirlo es necesario abandonar todo lo que nos impide buscar y amar a Dios sobre todas las cosas y ocupa nuestro corazón con deseos y bienes terrenos o lo entretiene en la búsqueda egoísta de gustos espirituales. En el lenguaje de Isaías este camino es la «calzada pura» y la «vía santa». Pura de todo rastro de pecado, de todo afán desordenado de criaturas y de sí mismo; santa, o sea, orientada, decididamente a la búsqueda de Dios, de su honor y de su gloria.
Es el camino trazado por Jesús Salvador para los hombres y que él recorrió el primero, pues «existiendo en forma de Dios, no reputó como botín ser igual a Dios, antes se anonadó, tomando la forma de siervo, y haciéndose semejante a los hombres» (Flp 2, 6-7); él que ha dicho: «EI que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo» (Mt 16, 24).
2.— A los lados del áspero sendero de la nada se encuentran otros dos caminos más cómodos y fáciles que San Juan de Dios llama caminos «de espíritu imperfecto», los cuales mueren a la mitad del monte, haciendo imposible la subida. El espíritu imperfecto es el que está asido a los bienes de la tierra o a los mismos bienes espirituales, si se aman desordenadamente por el propio interés y satisfacción.
Para salir del «camino de espíritu imperfecto» es necesario, por lo tanto, no amar nada si no es en plena conformidad con la voluntad de Dios; ya que todo objeto amado por sí mismo y no por el divino querer, se convierte para nosotros en fuente de preocupación, de deseos, de agitación y de ansia, atormentando nuestro corazón y empujándonos insaciablemente en busca de nuestro gusto. ¡Oh, cuántos «móviles», o apetitos, que no son la voluntad de Dios, se encuentran en un alma asida a las cosas criadas! Una tal alma se halla precisamente en esos «caminos de espíritu imperfecto», que nunca la llevarán a la meta. Por eso el Doctor místico ha escrito en su gráfico junto a ellos: «Bienes de la tierra, ni eso. Bienes del cielo, ni esotro»; y, por consiguiente, nada.
Pero no se trata de una nada que conduce al vacío y a la muerte, sino al todo, a la plenitud y a la vida; a la vida renovada en Cristo, encontrando en él con corazón puro todos los bienes de la tierra y del cielo. Es como un volver a nacer del hombre hecho nueva criatura, revestido de Cristo, por, los méritos de Aquel que, siendo Dios, ha querido vivir entre los hombres, haciéndose uno de ellos. La Navidad, conmemoración del nacimiento de Cristo, debe marcar cada año para el cristiano un auténtico renacimiento espiritual. A través de este camino de la nada, senda pura y santa que conduce a santidad, el creyente se encontrará con luchas y desasimientos, mas no debe desanimarse, pues no se halla solo en el camino. «El Señor te dará a comer el pan la angustia y el agua de la congoja; pero ya no se ocultará tu maestro, sino que con tus ojos lo verás, y oirás con tus oídos una palabra detrás diciendo: Ese es el camino, anda por él. (Is 30, 20-21). Jesús maestro está al lado de su discípulo: por lo tanto éste no debe temer.
Ahora te amo a ti solo, a ti solo sigo y busco, a ti solo estoy dispuesto a servir, porque tú solo justamente señoreas; quiero pertenecer a tu jurisdicción. Manda lo que quieras, pero sana mis oídos para oír tu voz; sana y abre mis ojos para ver tus signos; destierra de mí toda ignorancia para que te reconozca a ti. Dime adónde debo dirigir la mirada para verte a ti, y espero hacer todo lo que mandares.
Recibe, te pido, a tu fugitivo, Señor, clementísimo Padre; basta ya con lo que he sufrido; basta con mis servicios a tu enemigo, hoy puesto bajo tus pies; basta ya de ser juguete de las apariencias falaces. Recíbeme ya siervo tuyo, que vengo huyendo de tus contrarios, que me retuvieron sin pertenecerles, porque vivía lejos de ti. Ahora comprendo la necesidad de volver a ti; ábreme la puerta, porque estoy llamando; enséñame el camino para llegar hasta ti. Sólo tengo voluntad; sé que lo caduco y lo transitorio debe despreciarse para ir en pos de lo seguro y eterno. Esto hago, Padre, porque esto sólo sé y todavía no conozco el camino que lleva hasta ti. Enséñamelo tú, muéstramelo tú, dame tú la fuerza para el viaje. Si con la fe llegan a ti los que te buscan, no me niegues la fe; si con la virtud, dame la virtud; si con la ciencia, dame la ciencia. Aumenta en mí la fe, aumenta la esperanza, aumenta la caridad… ¡Oh cuán admirable y singular es tu bondad! (S. AGUSTIN Soliloquios).
¡Oh, Señor, que vuestros caminos son suaves! Mas ¿quién caminará sin temor? Temo de estar sin serviros, y cuando os voy a servir no hallo cosa que me satisfaga para pagar algo de lo que debo. Parece que me querría emplear toda en esto, y cuando bien considero mi miseria veo que no puedo hacer nada que sea bueno, si no me lo dais Vos. ¡Oh Dios mío y misericordia mía!, ¿qué haré para que no deshaga yo las grandezas que Vos hacéis conmigo? No me desampares, Señor, porque en ti espero, no sea confundida mi esperanza; sírvate yo siempre y haz de mí lo que quisieres». (STA. TERESA DE JESÚS, Exclamaciones).
Tomado del Libro INTIMIDAD DIVINA, Meditaciones sobre la vida interior
para el Adviento y la Navidad, del P Gabriel de Santa María Magdalena O.C.D.