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Parroquia "San José de Chacao"
Página Web Oficial del Complejo Parroquial "San José de Chacao" – Arquidiócesis de Caracas
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Hermanos y hermanas,
Hoy, al clausurar el año litúrgico, la Iglesia nos invita a celebrar la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Esta fiesta no es solo la culminación de un ciclo, sino la proclamación central de nuestra fe: Jesús es el Rey.
Pero, ¿Qué clase de Rey celebramos? Si miramos al Evangelio, encontramos a Jesús coronado no de oro, sino de espinas; sentado no en un trono de poder terrenal, sino en la Cruz, su verdadero trono de amor. Su cetro es el madero, su manto, la burla de los soldados.
El Prefacio de la Misa nos da la clave de su realeza: es un Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz.
No es un reino de poder o dominación, como lo concibe el mundo. Su fuerza es el Amor entregado.
Su justicia no es la venganza, sino la de servir y levantarse junto a los más pequeños, los sufrientes y los necesitados. Él nos dice: «Tuve hambre y me diste de comer…» (Mateo 25:35).
La pregunta que resuena hoy en el corazón de cada uno es: ¿Es este Rey del universo el Rey de mi existencia?
Celebrar a Cristo Rey implica mucho más que cantar himnos. Es una decisión diaria de dejar que Su Reino se manifieste en cada aspecto de nuestra vida. ¿Dónde mostramos que Su Reino de amor, justicia y paz ya ha comenzado en nosotros?
¿Reina el amor? El hogar es el primer trono de Cristo. ¿Se manifiestan en nuestras relaciones el perdón ante la ofensa, la paciencia ante la frustración, y el servicio desinteresado en las tareas cotidianas?
Cuando elegimos escuchar en lugar de gritar, cuando cedemos un capricho personal por el bien común, allí está reinando Cristo.
¿Reina la justicia y la verdad? Nuestro trabajo es el espacio donde construimos el mundo.
¿Somos honestos en nuestros tratos, responsables con nuestras tareas, o buscamos el atajo, la mentira pequeña para el beneficio propio?
Reconocer a Cristo Rey es trabajar con dignidad y excelencia, sabiendo que servimos a Dios en el servicio que damos a los demás.
¿Reina la caridad? ¿Soy un administrador egoísta de lo que Dios me ha dado, o un dispensador generoso?
Cuando compartimos nuestro tiempo con el que está solo, o nuestro sustento con el que sufre necesidad, cuando usamos nuestros dones para levantar al caído, estamos diciendo con nuestras obras: «¡Cristo es mi Rey, y Su Reino es de amor!»
¿Reina la paz y la santidad? En un mundo polarizado y lleno de ruido, ¿qué palabras salen de nuestra boca?
¿Somos portadores de paz y de esperanza, o somos repetidores de la crítica, el juicio y la división?
Dejar que Cristo reine significa ser constructores de puentes, hablar con caridad incluso de quienes piensan diferente, y defender la dignidad de toda persona, porque cada uno es súbdito de nuestro mismo Rey.
III. La Invitación Final: Súbditos de la Cruz
Hermanos, el ladrón crucificado junto a Jesús lo entendió todo: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.»
Hoy, el Señor nos mira desde Su trono de la Cruz y nos pregunta: ¿Quieres ser un súbdito de mi Reino? Si tu respuesta es sí, solo tienes que imitar a tu Rey:
Sé pobre de espíritu, reconociendo tu necesidad de Él. Sé justo, teniendo hambre y sed de Su justicia en tu vida y en la de los demás.
Sé misericordioso, tocando la miseria humana y amando sin condiciones.
Que al terminar este año litúrgico, renovemos nuestro compromiso: Que Jesucristo sea verdaderamente el Señor y Rey de nuestro corazón, para que Su Reino de verdad, amor y paz se haga presente, hoy y siempre, en el mundo a través de nuestras vidas.
¡VIVA CRISTO REY!
DIOS ES BUENO.