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Parroquia "San José de Chacao"
Página Web Oficial del Complejo Parroquial "San José de Chacao" – Arquidiócesis de Caracas
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Dios no nos llama solo en un determinado momento de nuestra vida: lo hace constantemente. Del mismo modo, nuestra respuesta se prolonga durante toda nuestra existencia, al ritmo de las llamadas a amar cada día de un modo renovado. «Desde que le dijiste “sí”, el tiempo va cambiando el color del horizonte —cada día, más bello—, que brilla más amplio y luminoso. Pero has de continuar diciendo “sí”»[1].
San Pedro dijo «sí» al Señor muchas veces. Como en aquella ocasión en que todos los que habían seguido al Maestro se marcharon escandalizados al oírle hablar del Pan de Vida (cfr. Jn 6,60-71), o como cuando Jesús insistió en lavarle los pies, a pesar de que le pareciera absurdo (cfr. Jn 13,6-10). Pedro permaneció junto a Jesús, confesando una vez más su fe. Sin embargo, el apóstol no había comprendido del todo la lógica del Señor. Seguía soñando con una manifestación gloriosa del Señor, un acontecimiento que le haría enseguida poderoso, triunfador, famoso en el mundo entero. Le costó unos años descubrir que esa no era la manera de actuar de Dios. Pasó por la tristeza de negar a Jesús tres veces, traicionándole. Tuvo que chocar con su propia debilidad. Solo al final comprendió, porque nunca dejó de mirar a Jesús. «El Señor convirtió a Pedro —que le había negado tres veces— sin dirigirle ni siquiera un reproche: con una mirada de Amor»[2]. Porque la vocación es, a fin de cuentas, una invitación a mirar a Jesús, a dejarse mirar por Él, a compartir su vida, e intentar imitarle. Hasta la entrega, llena de amor, de la propia vida.
La llamada de Pedro tomó su forma definitiva unos días después de la resurrección, a la orilla del mar de Galilea, en su encuentro a solas con Jesús. Pudo pedirle perdón… acordarse de cuánto le amaba, con sus pobres fuerzas; y decírselo de nuevo. El Maestro respondió: «Apacienta mis ovejas» (Jn 21,17), y luego añadió: « Sígueme» (Jn 21,19). Con eso estaba dicho todo, porque Pedro había descubierto ya que seguir al Señor es amar hasta el extremo, en un camino maravilloso de entrega y de servicio a todos: un camino, no una meta. El mismo camino que hay que recorrer cada día de nuestra vida, de la mano de Jesús.
Meditación tomada del libro de Borja de León (ed), titulado: Algo grande y que sea amor. La vocación cristiana: encuentro, respuesta, fidelidad. Fundación Studium, 2020. Borja de León, es un Sacerdote, doctor en Filosofía, que desarrolla su labor pastoral con familias y es capellán de un colegio de Madrid.
[1]Surco, n. 32.
[2] Surco, n. 964.